Miguel Pajares. Publicado en El Salto el 9 de noviembre de 2025
Días atrás, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) emitió su informe anual sobre la brecha de emisiones, es decir, la diferencia que hay entre la reducción que deberíamos hacer de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y las emisiones que realmente producimos y produciremos en los próximos años. Y lo primero que nos muestra es que las emisiones siguen creciendo, cuando en 2020 los gobiernos se habían comprometido a reducirlas drásticamente a lo largo de esta década. El informe dice que las emisiones en 2024 alcanzaron el récord de 57,7 Gt de CO₂e, lo que es un 2,3% superior a las de 2023, año en el que habían subido un 1,6%. O sea, no solo suben, sino que se incrementa la subida.
Uno días antes, también la Organización Meteorológica Mundial (OMM) había emitido su propio informe sobre emisiones. En él dijo que el crecimiento medio del CO₂ en la atmósfera entre 2023 y 2024 había sido el mayor jamás registrado, y que los otros dos gases de efecto invernadero importantes, el metano y el óxido nitroso, también habían tenido emisiones récord. Además, el informe señaló otro aspecto muy preocupante, y es que se está reduciendo la capacidad de absorción de CO₂ de los océanos y los ecosistemas terrestres. Lo dijo así: “Aproximadamente, la mitad del CO₂ total emitido cada año se queda en la atmósfera, y el resto es absorbido por los ecosistemas terrestres y los océanos. Sin embargo, a medida que aumenta la temperatura global, los océanos absorben menos CO₂ debido a la menor solubilidad a temperaturas más altas, al tiempo que los sumideros terrestres también se ven afectados por las sequías cada vez más prologadas y otros impactos”.
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